Amado Dios en el mundo

lunes, 31 de enero de 2011

”No hay mal, que por bién no venga”

El Apostol Saulo (Pablo) en Romanos 8:28 declara-”Sabemos, además, que los que aman a Yahweh, todas las cosas les ayudan a bién, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” El pensamiento del Apostol, pretende concienciar sobre la realidad de que todas las circunstancias en la vida, resultarán para nuestra ayuda. Esto lo dijo para motivar y enseñar, porque en el pensamiento del ser humano siempre ha existido la idea de que solamente lo positivo de la vida es lo que nos ayuda.
El ejemplo más clásico, lo tenemos en el escenario de un matrimonio que tuvo riquezas y grandezas. Pero le llegó el tiempo de la pobreza y la enfermedad, su integridad fue probada. Este fue el patriarca Job y su esposa. En medio de la escasés, el dolor y la enfermedad terrible en el cuerpo de Job, su mujer desesperó y le dijo a su esposo Job-”Aún te mantienes en tu integridad? Maldice a Yahweh y muérete! El le respondió: Como suele hablar cualquier mujer insensata, así has hablado. Pues que? Recibiremos de Yahweh el bién, y el mal no lo recibiremos? Evidenciando Job de esta manera su convencimiento de que el Padre eterno si daba el bién, permitía (permitía,mas no lo envía él) también el mal con un propósito definido. Y en medio de esas circunstancias era mejor permanecer tranquilo y paciente. Porque la justicia y la misericordia dívina se manifestarían en su tiempo, era mejor callar y esperar, ser hallado fiel. Su inquebrantable fe, le dictaba a su corazón, que todo sería por un tiempo, que aquello tendría que pasar, para luego ver la grandeza divina a su favor.
Por esta razón y muchas más, ahora encontramos a el Apostol Saulo diciendole a los Tesalonicenses-”Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Yahweh para con vosotros en Yashúa.” (1 Tes. 5:18) Esta es una exhortación a evitar el extremo de solo dar gracias por el bien recibido, porque en verdad en todo lo que nos pasa en la vida; hay una enseñana, un beneficio, una oportunidad, un descubrimiento, una razón. Mis tías y padres tenían un refrán-proverbio que decía–”No hay mal, que por bién no venga” Enseñandonos lo que ellos habían experimentado, que lo que parecía malo y difícil se convirtió en algo bueno y de oportunidad.
Nuestra experiencia de vida de día a día, nos úbica en un escenario donde tenemos que vivir muy cerca en una relación con el Padre eterno , donde en primer lugar reconocemos su obra para con cada uno de nosotros(as), y si comemos o bebemos lo haremos para su gloria. (1 Cor. 10:31) Teniendo presente que todo tiene su tiempo. Y en todo hay un propósito. Por lo tanto nos toca ser prudentes a la hora de proferir palabras y pensamientos. Ser sabios, y enseñar con nuestra actitud, nuestra calidad de creyentes , nuestra fe activa, que cree, confía y espera en el Señor su perfecta y amorosa voluntad.
PAZ Y BIEN ¡¡¡

viernes, 28 de enero de 2011

Conversión +Transformación = GOZO

CONVERSIÓN: Este es el primer paso, la conversión es un llamado, vocación y fundamentalmente un descubrimiento que lleva, no a despreciar o subestimar al mundo , sino a valorarlo en su justa perspectiva como comienzo de una transformación, es una gracia o descubrimiento sobrenatural que ocurre luego de un largo trecho. Es una revelación de orden sobrenatural que Dios hace en el corazón del hombre y que transciende toda explicación racional o conocimiento. Es una vivencia. Son cosas sublimes y profundas que Dios se ha complacido en revelarlas a humildes de corazón y ocultarlas a sabios y poderosos de este mundo. Dios desea fervientemente que nos convirtamos, que seamos uno de sus conversos..Podemos decir entonces que la conversión es el llamado de Dios a una vida nueva, es el primer paso que nos lleva luego a la transformación.Dios no sólo quiere que nos volvamos a El quiere que aprendamos, que también practiquemos su forma de vida; quiere que nos comprometamos sincera y completamente con él. Si voluntariamente deseamos seguir sus instrucciones, él promete ayudarnos.
Por medio de su Espíritu nos dará el poder para que sea una realidad lo que nos dice en Efesios 4:24: “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Su propósito es convertirnos si, pero transformándonos, desde adentro, desde el corazón. Solo así estaremos aceptando a Jesús en nuestras vidas,debemos estar dispuestos a aceptarlo primero en nuestras vidas y luego sufrir esa transformación que nos llevara al gozo eterno.

TRANSFORMACIÓN: “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá” (Ezequiel 18:21). Para transformarnos —volvernos del pecado y recibir el perdón de Dios y su santo Espíritu— debemos dejar de transgredir sus leyes y empezar a cultivar el hábito de la justicia por medio de la obediencia. “Y cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y y la justicia; vivirá ciertamente” (Ezequiel 33:14-16).
La conversión lleva implícita una transformación, dejar de ser lo que eramos y hacer de nuevo , actuar como Jesús. Para lograr eso debemos seguir al pie de la letra el versículo de Ezequiel, la transformación permitirá que el Espíritu Santo more en nosotros, no podrá permanecer en nosotros si estamos actuando indebidamente.

GOZO: "Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre" Salmo 16:11. Significa que si aceptas a Jesús en tu vida, te trasformas muriendo ese hombre que eras para dar paso a uno nuevo que sigue a Jesús, podrás disfrutar de esa plenitud de gozo, pues estarás en su presencia todo el tiempo. No se puede pretender ser un verdadero cristiano si continuas comportándote como eras anteriormente, si continuas cometiendo iniquidades, y no se puede pretender ser transformado si esa transformación te va a poner triste, si vas a echar de menos todo aquello que eras, si vas a vivir con pesar, dice el salmo: "EN TU PRESENCIA HAY PLENITUD DE GOZO" si nos ponemos en su presencia, tendremos ese gozo constante, de sabernos al servicio de Dios “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios.

Y es que el gozo va más allá , es algo que realmente imprime carácter podría definirlo tal vez como “ser manifiestamente felices” aun a pesar de las circunstancias,aun a pesar de lo que denominamos tribulaciones.

No os entristezcáis porque el gozo de Dios es vuestra fortaleza.
Y la clave es que no es un gozo cualquiera, no es el gozo particular de cada uno, es el gozo de Dios.

Mirémonos por unos momentos a nosotros mismos, tenemos tanto; y sin embargo no tenemos gozo, y si lo tenemos examinémonos qué clase de gozo es el que creemos que estamos teniendo.

A menudo podemos decir, defendiéndonos a nosotros mismos, que tenemos el gozo de la salvación, pero es ya un tópico, ¿porque acaso se hace real este gozo en cada momento de nuestra vida? ¿Cuál es la realidad de la transcendencia que esto produce en nosotros?
La Palabra de Dios nos exhorta en diferentes ocasiones a estar siempre gozosos, pero debemos de confesar que estar siempre gozosos parece ciertamente algo complicado, ¡qué cosas raras y difíciles nos pide nuestro Dios!

¿Cómo voy a tener gozo si he reprobado los exámenes? Sí he fracasado en el estudio, en una relación, si he estropeado una amistad, si sigo sin trabajo, si no tengo dinero, si me parece que nadie me quiere, si todo me sale mal, si estoy enfermo...

Si no disfruto de la oración, si me aburro en la iglesia, si no me gusta leer la Palabra de Dios, si me siento harto, si sigo añorando lo que era antes de aceptar a Jesús en mi vida...

¿ Cómo puedo entonces tener gozo?

Pero sin duda la pregunta debiera ser ¿Cuál es el gozo del Señor? ¿Cuál fue el gozo que tuvo Jesús?
¿Pero qué gozo es el que nuestro Señor nos ofrece?, y que ha de transformar nuestra vida, porque es nuestra fortaleza.

Fíjate puede fortalecernos para orar, evangelizar, estudiar la Palabra de Dios, vivir con una paz maravillosa que sorprenderá a todos, sea la circunstancia que sea, hacer real que podemos tenerlo todo por basura para ganar a Cristo…, qué difícil, pero qué hermoso.

Leíamos en el evangelio de Juan, como oro Jesús, por nosotros:

“Permaneced en Mí, y Yo en vosotros”; “Si permanecéis en Mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho” “Como el Padre me ha amado, así también Yo os he amado; permaneced en Mí amor” “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en Mí amor…” “Estas cosas os he hablado para que Mí gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea suplido”
El gozo de Jesucristo no ha sido el de satisfacción propia de sus necesidades humanas; el pasó hambre, frío, persecuciones, dolor, angustia, martirio…

El gozo de Dios es el que tenían todos y cada uno de los mártires que ofrecieron su vida, su dolor, sus familias, sus posesiones, sus trabajos, sus anhelos, sus emociones, sus gustos, …, todo, en sacrificio a Cristo.

El Gozo del señor es la obediencia a Él.

¿¡Qué extraño!?

Pero la plenitud de la vida de los cristianos, de los hijos de Dios no consiste en la salud física, ni en acontecimientos exteriores, ni tan siquiera en ver el buen éxito de la obra de Dios; sino en la perfecta comprensión de Dios y en la comunión con Él, que el mismo Jesucristo tuvo con el Padre…

Frente al supuesto gozo que ofrece la sociedad sin Dios, Jesucristo nos ofrece su gozo.

Tener el gozo de Dios es vivir la realidad de la compañía genuina con nuestro Padre. Vivir con él, disfrutando de la realidad de tener un amigo continuo a nuestro lado con el que podemos hablar siempre, no sólo en nuestros momentos más íntimos de oración, sino en cada momento de nuestra vida, conscientes de que nos somos únicamente nosotros solos sino que somos dos. Con Él podemos compartir nuestras emociones más íntimas, nuestros pensamientos, nuestras sensaciones, nuestras ansias y anhelos, ; podemos compartir, y además recibir, su paz, su ternura, su comprensión, su ánimo, allí en lo más recóndito de nuestros corazones aquella palabra de esfuérzate y sé valiente…, la exhortación de que su poder se perfecciona en la debilidad , y entonces resulta que nuestra vida se va transformado y nuestra realidad de gozo y de paz transciende hacia fuera, y sin saberlo impactamos al mundo a nuestro alrededor que se maravilla de que nuestros valores no son los lógicos, sino que son aun más reales, porque son divinos…

Tener gozo es demostrar activamente la seguridad que tenemos en Dios. Y si vivimos en compañía íntima con Cristo, entonces le amaremos cada vez más, y le conoceremos más, y guardaremos su Palabra, y caminaremos en santidad y … y ya no tendremos miedo a las circunstancias y avatares de la vida, porque podremos ser de verdad conscientes que nuestro Dios está al control de todo, y todo es todo; entonces el sacrificio de Cristo tendrá un sentido más cercano a nosotros y a la postre, esta seguridad real, que nadie posee aunque la finge, transformará igualmente nuestra realidad…


Pero tener gozo es además, vivir en la tierra con la mente puesta en el cielo. Y ¿Cuánto nos esforzamos por vivir en la tierra con la mente de la tierra? Por eso anhelamos tantas veces lo que el mundo anhela, y pedimos lo que el mundo pide; y oramos a Dios por su protección, por nuestra salud, por el logro de nuestros deseos, más o menos materiales, o más o menos egoístas, o … humanos…, o, pero Jesucristo nos está llamando a metas más altas por eso su obra en nosotros ha transformado nuestra mente; en la mente de Cristo y nos ha capacitado para que podamos llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo; de modo que nuestros deseos más humanos sean precisamente los deseos del cielo, los deseos de buscar el Reino de Dios, vivir para Él para conocerle, ( no es acaso maravilloso relacionarse con el Creador de los cielos, de las galaxias, de los universos, del infinito, de lo tan insignificante, de lo pequeño de lo …,)

Todo lo que Dios ha hecho por nosotros es meramente el comienzo. Él quiere hacernos llegar al lugar donde seamos testigos y proclamemos quién es realmente Jesús

Relaciónate bien con Dios, hallemos nuestro gozo allí; en Él, y entonces ríos de agua viva correrán de nosotros.

Este es el reto que Jesús nos ofrece todo lo demás será una consecuencia lógica, no según la lógica humana pero si según la lógica del cielo, que nos será por añadidura; nuestro testimonio, nuestra santidad, nuestra oración por el prójimo, el evangelismos, nuestra felicidad, el gozo del Señor

Por eso Dios nos dice hoy también, pero no os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fortaleza.

Oremos como Jesús nos enseñó a que nuestro deseo primario sea el hacer su voluntad, y hallaremos gozo en ello…

PAZ Y BIEN ¡¡¡

lunes, 24 de enero de 2011

DIARIO DE UNA TRANSFORMACIÓN

1 Juan 2:6 "El que dice que permanece en Él debe andar como el anduvo"
"El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente".Salmo 91:1
Es muy fácil, para vivir en la presencia de Dios, la conducta es la encargada entonces de respetar la omnipresencia de Dios para poder caminar bajo la sombra de su omnipotencia. Caminar en su presencia, es aceptar su omnipresencia, aceptar, sentir que donde quiera que estés, hagas lo que hagas, pienses lo pienses, actúes como actúes, Dios esta a tu lado y esta observando, escuchando todo lo que haces y dices, no podemos pretender su omnipotencia, sin aceptar su omnipresencia.
Ahora bien, no puedo pretender vivir bajo la sombra de su omnipotencia, de ese poder, sin antes caminar en la presencia (omnipresencia) de Dios, debo antes aceptar la presencia constante de Dios, para poder luego gozar de su omnipotencia, caminar en su omnipresencia es darme cuenta que esta todo el tiempo a mi lado, que mira todo lo que hago, todo lo que pienso, que no hay nada que pueda ocultarle, y entonces comenzar a actuar para su agrado.
Caminar en su presencia es hacer una revisión continua de lo que hacemos a cada instante, preguntarnos si agrada a Dios o no, si lo honra o no, y entonces hacer solo hacer aquello que le agrada, creo que el espíritu Santo es el encargado de señalarnos lo que a Dios le gusta, es esa vocecita que te dice todo el día, “no hagas esto, haz aquello” esa que uno no escucha y decide por el contrario dejarse llevar por el instinto y solo satisfacer nuestras necesidades corporales, anteponiendo a lo que agrada a Dios, que no es otra cosa que lo que nuestro Espíritu desea.
No se puede pretender "morar" bajo su sombra sin antes haber depurado nuestra conducta, si mientes, si robas, si debes, si injurias, si murmuras, si te das gusto en todo, si no perdonas, si eres egoísta, ¿como vas a morar bajo su sombra? primero acepta a Dios Padre, su presencia continua, respétalo con tu conducta, honralo y luego, solo así, moraras bajo su omnipotencia.
Pídele a Dios que te ayude a transformarte, no vasta con convertirnos a Jesús, hay que transformarnos y andar como el anduvo: 1 Juan 2:6 "El que dice que permanece en Él debe andar como el anduvo"
Purificame con hisopo, y seré limpio;

Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Hazme oír gozo y alegría,

Y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados,

Y borra todas mis maldades.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.

Salmo 51: 7-11


PAZ Y BIEN ¡¡¡

jueves, 20 de enero de 2011

Esta es la herencia de los siervos del SEÑOR

La futura gloria de Sión ISAIAS 54
1 «Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz,
¡grita de alegría!
Tú, que nunca tuviste dolores de parto,
¡prorrumpe en canciones y grita con júbilo!
Porque más hijos que la casada
tendrá la desamparada —dice el Señor—.
2 Ensancha el espacio de tu carpa,
y despliega las cortinas de tu morada.
¡No te limites!
Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas.
3 Porque a derecha y a izquierda te extenderás;
tu descendencia desalojará naciones,
y poblará ciudades desoladas.

4 »No temas,

porque no serás avergonzada.

No te turbes,

porque no serás humillada.

Olvidarás la vergüenza de tu juventud,

y no recordarás más el oprobio de tu viudez.

5 Porque el que te hizo es tu esposo;

su *nombre es el Señor *Todopoderoso.

Tu Redentor es el *Santo de Israel;

¡Dios de toda la tierra es su nombre!

6 El Señor te llamará

como a esposa abandonada;

como a mujer angustiada de espíritu,

como a esposa que se casó joven

tan sólo para ser rechazada —dice tu Dios—.

7 Te abandoné por un instante,

pero con profunda compasión

volveré a unirme contigo.

8 Por un momento, en un arrebato de enojo,

escondí mi rostro de ti;

pero con amor eterno

te tendré compasión —dice el Señor, tu Redentor—.

9 »Para mí es como en los días de Noé,

cuando juré que las aguas del diluvioa]" style="font-size: 0.75em; line-height: 0.5em; ">[a]

no volverían a cubrir la tierra.

Así he jurado no enojarme más contigo,

ni volver a reprenderte.

10 Aunque cambien de lugar las montañas

y se tambaleen las colinas,

no cambiará mi fiel amor por ti

ni vacilará mi *pacto de *paz,

—dice el Señor, que de ti se compadece—.

11 »¡Mira tú, ciudad afligida,

atormentada y sin consuelo!

¡Te afirmaré con turquesas,b]" style="font-size: 0.75em; line-height: 0.5em; ">[b]

y te cimentaré con zafiros!c]" style="font-size: 0.75em; line-height: 0.5em; ">[c]

12 Con rubíes construiré tus almenas,

con joyas brillantes tus *puertas,

y con piedras preciosas todos tus muros.

13 El Señor mismo instruirá a todos tus hijos,

y grande será su *bienestar.

14 Serás establecida en justicia;

lejos de ti estará la opresión,

y nada tendrás que temer;

el terror se apartará de ti,

y no se te acercará.

15 Si alguien te ataca,

no será de mi parte;

cualquiera que te ataque

caerá ante ti.

16 »Mira, yo he creado al herrero

que aviva las brasas del fuego

y forja armas para sus propios fines.

Yo también he creado al destructor

para que haga estragos.

17 No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti;

toda lengua que te acuse será refutada.

Ésta es la herencia de los siervos del Señor,

la *justicia que de mí procede —afirma el Señor—.

viernes, 7 de enero de 2011

PADECES DOLOR, HUMILLACIÓN,SOLEDAD, BURLA DESPRECIO... ?

“Mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor” (Lam 1, 12).
El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, los cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio, no hay un ser humano sobre la faz de la tierra que haya sufrido lo que sufrió Jesús.
Decía Juan Pablo II que” La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad.
Para quien cree en Cristo, las penas y los dolores de la vida presente son signos de gracia y no de desgracia, son muestra de la infinita benevolencia de Dios, que desarrolla aquel designio de amor, según el cual, como dice Jesús, el sarmiento que dé fruto, el Padre lo podará, para que dé más fruto. (Jn 15, 2)
No puede comprenderse la Pasión sino desde la intención y propósito divino. Cada lágrima del Señor, cada tristeza, cada herida en su carne, cada gota de sangre derramada, debe ayudarnos a comprender la grandeza del amor de Dios en Jesucristo. Su dolor manifiesta su amor. Así como son sus dolores, así son sus amores. Si observamos los padecimientos de Cristo, podremos descubrir nuevamente el inmenso amor de Dios hacia nosotros, y encontrar esa fuerza que tuvo Jesús, partiendo del hecho de que nuestros padecimientos siempre serán ínfimos comparados con los de Jesús.
Los sufrimientos del Señor
Comencemos en el huerto de los olivos. Allí Jesús representa en su interior la Pasión que se aproxima (“Entonces comenzó a entristecerse y angustiarse”; “mi alma siente una tristeza de muerte”). Getsemaní es la conciencia de la Pasión y su ofrecimiento al Padre. La tristeza y el dolor son la conciencia o percepción de un padecimiento. Jesús siente por anticipado su dolor. Siente, de algún modo, lo que padecerá. Siente los golpes, los látigos, las espinas, los clavos. Siente el abandono de sus discípulos, la soledad, la burla, el desprecio, las blasfemias, el odio, la muerte. Todo esto lo lleva a su corazón y lo ofrece al Padre en la oración (“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”). Lleva la muerte a su alma y la hace voluntaria.
Jesús entrega todo este sufrimiento al Padre en Oración: Que no haga mi voluntad sino la tuya; esta es la clave ante el sufrimiento, ante el dolor, entregarlo al Padre en Oración y aceptar su voluntad, en silencio, sin lamentos, como lo hizo Jesús.
La representación de su Pasión es intensísima. La angustia abre sus venas. La tensión nerviosa contrae su carne y de sus poros brota sudor y sangre (Lc 22. 44).
Apresan a Jesús y comienzan los juicios. Jesús pasa la noche de un tribunal a otro, siendo juzgado, maltratado, difamado. A nada de esto es indiferente el Señor. Su sensibilidad es riquísima, mucho mayor que la nuestra. Su silencio no es estoico, sino sentido, contenido, dolido. El Señor se conmueve ante el abandono de sus cercanos, el odio de todos, el rechazo de su Pueblo (“Cuando estuvo cerca –de Jerusalén-, y vio la ciudad, se puso a llorar por ella diciendo: ¡Como quisiera que hoy supieras o que te puede traer paz,...!” Lc 19, 41).
Se burlan de Cristo. El Señor guarda silencio y perdona, “no saben lo que hacen”.
¡Lo flagelan! (“Sobre mis espaldas metieron el arado, y abrieron largos surcos” Salmo 128, 3). Los látigos tenían bolillas de plomo en sus extremos. Cada golpe arrancaba pedazos de carne, cada vez con mayor profundidad. Los golpes caen sobre su hombros y espalda, sobre su pecho, sobre su piernas y brazos, sobre su rostro (“Puedo contar todos mis huesos, y ellos me miran con aire de triunfo” Salmo 21, 18).Rompen la carne, surcan el cuerpo, añaden llagas sobre llagas. Abren sus espaldas hasta descubrir sus entrañas, y en poco tiempo no dejan en él figura de hombre… (Is 1, 6).”[1] Los golpes lo asfixian. A pesar del gran esfuerzo, no puede respirar.
Luego viene la coronación de espinas. Las espinas se injertan sobre su cuero cabelludo, en la piel, en la carne. Lo golpean con una caña y agudísimas astillas penetran aún más en su cabeza. De la multitud de arterias brota mucha sangre que cubre todo su rostro y su cuerpo. Jesús queda aturdidísimo y con terribles jaquecas. Su fiebre es altísima. Los soldados se burlan del Señor.
Camino al calvario colocan la cruz sobre las profundas heridas de sus hombros, casi sobre sus huesos, muy expuestos. No hace falta ser visionario ni recurrir a la Tradición para saber que el Señor está totalmente exhausto, agotado, sin fuerza alguna. Se encuentra muy deshidratado (“Mi garganta está seca como una teja y la lengua se me pega al paladar” Salmo 21, 16). Hace mucho tiempo no injiere agua y ha perdido gran cantidad de sangre. Casi no puede hablar. Todo su cuerpo tiembla. Por poco no ve. Sus ojos y pómulos están hinchados por los golpes, cubiertos de sudor, sangre y tierra. Tambalea. El Señor cae, inevitablemente, y por eso la necesaria ayuda del Cireneo (“Soy como agua que se derrama, todos mis huesos están dislocados” Salmo 21, 15). La gente continúa burlándose de Jesús.
Llegan al calvario y lo desnudan (“soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del Pueblo” Salmo 21, 7). Su cuerpo está todo inflamado por los golpes, abierto por las heridas, ya infectadas. Y como si fuera poco, ¡Lo crucifican! ¡Jesús! (“Taladran mis manos y mis pies, y me hunden en el polvo de la muerte” Salmo 21, 17-18) “La muerte de los crucificados es la más terrible, puesto que son clavados en las partes más nerviosas y sensibles, esto es, las manos y los pies; y el peso mismo del cuerpo, que pende continuamente, aumenta el dolor, puesto que no mueren inmediatamente” (S Th III, 46, 6). Los clavos rompen carne, fibras nerviosas, arterias, venas, tendones. Estalla de dolor su alma, su conciencia. Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlan de Cristo. El Señor agoniza y muere.
La Pasión del Jesús ha conmovido y convertido a los hombres más endurecidos por el pecado, a los más alejados del Señor. Ha puesto fe y esperanza en lo que “estaba perdido”, vida en lo que “estaba muerto”. Era necesario que padeciera todas estas cosas (Jn 3, 15; Lc, 24, 44):
“El soportaba nuestros sufrimientos, y cargaba con nuestras dolencias. El fue traspasado por nuestras rebeldías, y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz, recayó sobre él, por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él, las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba, y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda, ante el que la esquila, él no abría su boca…solo aceptaba la voluntad del padre.
Jesús venció al mundo por nosotros, no podemos olvidar esto.Todo ese sacrificio no debe ser ignorado.
¿AUN SUFRES?

PAZ Y BIEN ¡¡¡

YO HE VENCIDO AL MUNDO

Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo. Juan 16, 29-33
Reflexión
Jesús venció al mundo, significa que venció todo, absolutamente todo…enfermedad, inseguridad, temor, angustias, humillaciones, dolor…
Jesús no les oculta a sus discípulos que el mundo traerá tribulación, sobre todo a los que siguen el evangelio. No. Jesús les anima con su ejemplo: "¡ánimo!: yo he vencido al mundo" Es de este modo como hay que entender la Muerte y la Resurrección del Señor, como el triunfo que sobrepasa totalmente los éxitos humanos: el triunfo que nos ganó la vida eterna.
Así, si Jesús se ha batido dando su vida por destronar de una vez para siempre al príncipe de este mundo y ha vencido, no podemos tener miedo, ni sentirnos débiles frente a las situaciones que se nos presentan. Nos toca ahora dar la cara por Cristo, como Él dio la vida por nosotros. Nos toca darle valor a su sacrificio, aceptando que el ya venció al mundo para nosotros, el que quiera aceptar esto, no tendrá porque preocuparse por las cosas de este mundo. No tendrá que “batirse” con las aflicciones de este mundo, eso ya lo hizo Jesús por nosotros.
Es como cuando estamos en el Colegio y tenemos un hermano mayor que siempre nos defiende de los que quieren hacernos daño, quitarnos la merienda, arruinar nuestros cuadernos, en fin ,un hermano mayor que nos saca de apuros en el colegio, andamos tranquilos porque sabemos que ante cualquier amenaza, nuestro hermano ya recibió los golpes por nosotros, los empujones, en fin nos defendió, nosotros solo tenemos que disfrutar de la tranquilidad y la paz que nuestro hermano nos brinda.

Cuando Jesús nos dice que en el mundo tendremos aflicción, no lo hace con la intención de desalentarnos. Lo hace queriendo que veamos que nuestros buenos propósitos y proyectos están sostenidos de su mano amorosa. Aquí está la clave del gozo completo de los cristianos: sabemos que Dios está con nosotros, que nos defendió ya de todo, que no hay porque temer nada. El venció al mundo para nosotros, solo tenemos que aceptar su sacrificio y no andar batallando nosotros también, El ya lo hizo.

PAZ Y BIEN ¡¡¡