Amado Dios en el mundo

jueves, 18 de marzo de 2010

Bartimeo: el ciego de Jericó

¡Si al menos en este día tú también conocieras los caminos de la paz¡ pero son cosas que tus ojos no pueden ver todavía. Lucas 19-42)


"Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le dijo:, ¡Maestro,que vea!» Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante recobró la vista y le seguió por el camino." (Mc 10,46-52)



LOS GRITOS DE BARTIMEO


Bartimeo, oyendo que Jesús pasaba por ahí, comenzó a dar voces y a decir "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi!". Imaginemos este cuadro: la gente ya pasaba, y Bartimeo escucho que era Jesús, siendo que Jesús ya iba por delante del camino y le separaba multitud de gente. Bartimeo comienza a gritar, desesperado, gritaba con más fuerza, para poder llamar al Salvador. Estos gritos desesperados comenzaron a molestar a la gente. Por ello le reprendían, que se callase y detuviera su intento de llamado. Pero mientras el tiempo pasaba, Bartimeo gritaba mucho más.
¡Cuán importante es nuestra fe¡ Si leímos la historia completa aquí ocurrida, Bartimeo recibió una recompensa. Si Bartimeo no hubiera tenido la fe suficiente para gritar lo suficientemente alto, y no detenerse en el intento, su vida no hubiera tenido un cambio. Su fe debía ser lo suficientemente grande para que su voz llegase a Jesús y cruzase la multitud, lo suficientemente grande como para no desistir en el intento aunque otros le decía que se callara.
Bartimeo nos enseña a cómo debe ser nuestra fe, capaz de cruzar multitudes que pueden ser nuestros hijos, nuestro entorno social cuando les hablamos de Jesús y hasta nuestro propio accionar en la vida para poder encontrar a Jesús. Nuestra vida puede cambiar solamente si tenemos una fe suficientemente grande como para llamar a Jesús a gritos como Bartimeo. Lo que nos enseña Bartimeo nace de la necesidad angustiada de buscar al Salvador. La misma con que a veces gritamos al señor ,son los mismos gritos de Bartimeo, no paremos de gritar.
Y Jesús le respondió diciendo: —¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le dijo: -Maestro, que pueda ver-.


QUE QUIERES QUE HAGA POR TI? YA JESÚS CONOCE NUESTRAS NECESIDADES…


Él, se detuvo para ver qué quería el mendigo ciego que él hiciese. Es necesario que sepamos cuándo algo es importante, qué es lo que más necesitamos al hablar con Dios. El Señor sabía que Bartimeo era ciego y, ¡Qué pregunta! — ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego contestó: — ¡Maestro que pueda ver¡. No le pidió ni comida ni dinero; ¿Por qué? Porque este hombre había oído de Jesús y sabía suficiente de Él como para pedirle lo que más necesitaba en ese momento.
Si el Señor se acercara a ti. Como me ha sucedido a mí tantas veces o como le pasó a Bartimeo y te pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? O mejor: ¡Pídeme lo que quieras! ¿Qué le pedirías hoy? Teniendo en cuenta que el Padre Amado desea darte los deseos de tu corazón y que realmente lo que te está diciendo es ¿De qué tienes hambre y sed? ¿Qué quieres beber y comer de Mí? (Juan 7:37-39 y Juan 6:35.)

Algunas veces el Señor me ha dicho: “Maribel, pídeme lo que quieras, y yo al igual que muchos tengo deudas, compromisos, uno que otro quebranto de salud, ¿pero voy a gastar en estas cosas temporales mi oportunidad de pedirle algo a Jesús? El conoce mis necesidades, no tengo que pedirle por ellas, es mas son necesidades por mi ceguera, por no poder ver que todo está a mi alcance si pudiera ver con los ojos del alma, sé que lo importante, es mi conversión, mi crecimientos espiritual , mi fe, del resto de mis asuntos él se está ocupando, pero estas cosas que le pido, sin mi disposición no me las podrá dar, él solo no puede, es por eso que debo pedirle que quite mi ceguera, que me salve, no que me sane y es por eso que él me pregunta ¿Qué quieres que haga por ti? Para que sea yo la que identifique lo que quiero, no para él saberlo, el ya lo sabe.
Si Bartimeo hubiese pedido dinero al Señor, seguramente que hubiera continuado sentado junto al camino ciego y perdido, y con unas cuantas monedas en el bolsillo; pero la convicción del Espíritu Santo estaba sobre él por la presencia de Jesús. Por eso Bartimeo fue sano y libre, camino con Jesús y recibió su recompensa.
Jesús le dijo: —Vete. Tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.


Se salvo porque siguió a Jesús, sin esa conversión no hay salvación Jesús obró en su persona un cambio tal, que no sólo se puso en camino para salir de su mal, sino que se puso en camino para seguir ¡Al Camino!, o sea, a Jesús mismo.
Aquel ciego, para algunos molesto y gritón, nos dejó sin embargo una regia lección: Para curarse su mal supo a quien acudir y como lo que pidió lo hizo con plena fe, en sus ojos sombríos volvió de nuevo a brillar la luz, se paró y siguió el camino, Jesús es el camino.

Al igual que este mendigo ciego, podemos reconocer la llamada de Jesús que pasa a nuestro lado, y que nuestro grito de misericordia abra en nosotros el deseo de salir de nuestro mal, de levantarnos , y ponernos en camino para que Jesús nos pueda sanar, salvar y así poderle seguir.

Cualquiera de nosotros que necesite sinceramente ayuda para curar esa "ceguera", sea cual sea, y acuda a Jesús con confianza, tendrá la misma respuesta que Bartimeo. Sus largas noches, oscuras y sombrías volverá a cubrirse de luminosas estrellas.
PAZ Y BIEN ¡¡¡

domingo, 14 de marzo de 2010

El enlace de tres cuerdas

(Filipenses 3:12-14)"No creo haber conseguido ya la meta ni me considero un «perfecto», sino que prosigo mi carrera hasta conquistar, puesto que ya he sido conquistado por Cristo. No, hermanos, yo no me creo todavía calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está adelante, y olvidando lo que dejé atrás,corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, quiero decir, de la llamada de Dios en Cristo Jesús.

Esta mañana llamó mi atención algo que leí en la explicación del evangelio de hoy; y es el hecho de que en la persona debe haber un enlace con tres cuerdas, de tal manera que sea imposible deshacerle,esas tres cuerdas serían:

La primera que nos relaciona con Dios;
la segunda, con los otros;
y la tercera, con nosotros mismos.

"La santidad no la “fabricamos” nosotros, sino que la otorga Dios, si Él encuentra en nosotros un corazón humilde y converso".

Mi reflexión: Este enlace de tres cuerdas es imposible deshacerle y el secreto de esta perfecta relación se me antoja que es la humildad. Mientras más alto llega una persona espiritualmente, más humilde es.Mientras mas nos relacionamos con los otro, mientras mas amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos y mientras más nos acercamos a Dios, nos volvemos más realistas acerca de nuestras limitaciones, vulnerabilidad y mortalidad. Interiorizamos la realidad de que la posición de cada ser humano no es infinita y que sólo Dios es eterno. Moisés fue llamado "el más humilde" porque cuando estuvo frente a Dios él supo su lugar. Todo lo demás le resta lugar a Dios...

El mensaje para nosotros es que sepamos cual es nuestro lugar, que hagamos algo de espacio, y dejemos que la verdad de Dios ingrese profundamente.

Señor, reconozco mis ofensas hacía ti, me reconozco pecadora, y reconozco que no hay perfección en mí, el solo amarte ha sido y será la más perfecta decisión que haya tomado jamás. Mi relación con Dios (primera cuerda).
Solo trato de que el amor en sí sea perfecto, que mi amor hacia los demás esté dotado de humildad y aceptación de los dones de cada quien con la misma alegría que acepto los míos. (segunda cuerda)
No quiero tomar tu lugar Señor, se cual es el mío, no voy a alcanzar la perfección en mi , solo la de mi amor hacia ti Señor, se que tu me amas mas de lo que yo puedo amarme, así que me abandono en ti, yo solo me ocupare de mi amor hacía ti, de alcanzar la perfección sí, pero la de mi amor hacía ti, no la mía.Yo solo me ocuparé de ti y dejare que tu te ocupes de mi.(Tercera cuerda la relación conmigo, mi lugar en este nudo)
PAZ Y BIEN ¡¡¡

viernes, 12 de marzo de 2010

Esta vida merece la pena vivirse, ¡pero sólo en el Sol, ¡en el Señor!... y aparte de Dios, todo es desengaño y fastidio

Salomón dijo que sabríamos cómo vivir si seguíamos los mandamientos de Dios: "Cuando camines, te servirán de guía; cuando duermas, vigilarán tu sueño; cuando despiertes, hablarán contigo" (Proverbios 6:22)

Salomón hace 3 preguntas profundas.

Pregunta..¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el
sol? (1:3,3:9)
Respuesta, Ninguno. Está corriendo tras el viento. (2:11; 5:16)
Pregunta--¿qué hay de bueno para hacer el hombre en esta vida? (2:3)
Respuesta—comer, beber y gozar el fruto de su labor, (2:10,24; 3:22;5:18)
Pregunta--¿cuál es el propósito de mi existencia?
Respuesta—servirle a Dios (12:13-14)


Eclesiastés es el libro de la vanidad de vanidades... fuera del sol, ¡del Señor!, todo es vanidad, apacentarse de viento... pero en el sol, ¡en Dios!, todo es gozo y paz... y está en el Sol, quien cumple los Mandamientos de Dios, quien tiene temor a Dios (12:13)... vanidad de la ciencia, placeres, riquezas, honores, obras, poder... ¡nada sacia los deseos del hombre!, nada lo hace feliz, ¡la tierra es poca cosa para el hombre!, porque Dios puso la eternidad en su corazón (3:11)...
En sus últimos capítulos trata de enseñarnos cómo vivir esta vida para ser feliz, y concluye que sólo Dios la puede llenar, el vivir sosegado y con gozo aceptando lo que el Señor nos regala, viviendo en el temor de Dios, ¡cumpliendo sus mandamientos!... porque el corazón del hombre es un pozo infinito que sólo puede llenarse con el infinito... venimos de Dios, vamos a Dios y solo estaremos satisfechos cuando descansemos enteramente en Dios...

¡Todo es vanidad de vanidades, fuera de amar a Dios y servirle de corazón!.


Salomón, el Rey de Israel, hijo de David, perdió gran parte de su vida entre inmensos honores, riquezas, poderes, placeres, construyendo palacios y huertos y el Templo...y se arrepiente y confiesa, ¡sólo Dios puede llenar el corazón!... lo demás es vanidad de vanidades... es el libro de la ancianidad de Salomón, en el que concluye que esta vida merece la pena vivirse, ¡pero sólo en el Sol, ¡en el Señor!... y aparte de Dios, todo es desengaño y fastidio.

PAZ Y BIEN ¡¡¡