lunes, 12 de diciembre de 2016

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Ya había escrito sobre esto antes, en una entrada llamada "Mi confesión y la dicha del perdón", hoy comencé el día con una inquietud, esa vocecita detrás de la oreja me decía: "Te has alejado de mi, estás más pendiente de las cosas del mundo", y es que ante la situación que estamos viviendo en mi país, no está nada fácil dejar de involucrarse con el mundo, pero hoy entendí que pase lo que pase, mi auxilio viene de arriba, no de ningún político, ni de nada que yo haga o deje de hacer, así que debo estar en paz, esa paz de Dios que solo se logra estando a su lado, sin mirar a los lados. Toda esta semana he estado tropezando con estas palabras y su antónimo Sabiduría/necedad, discernimiento/sufrimiento. Mi hija siempre me dice: mamá tienes que pedir perdón, y ya lo había hecho, pero hoy nuevamente esa voz me dice al oído que lo haga público. Y es que es por medio del perdón que obtenemos los milagros, que vivimos en el mismo perímetro de Dios, ese lugar de paz y sosiego, donde nada nos tuba ni nos falta.

En aquella oportunidad le pregunté a Dios que debía hacer para volver a él, y me señalo un camino, llegué al blog de una amiga y ahí estaba el mensaje, digo mensaje porque así lo sentí, de nuevo  encontré ahí mi confesión,  luego cuando la escribía puso delante de mí el Salmo 32: 8, 9,10  -La dicha del perdón, Salmo de David.  El Señor dice:

 «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti. No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti.»

"Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: 

Confesé mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

Porque Tu, Señor, Eres Bueno Y Perdonador, Y Grande En Misericordia Para Con Todos Los que Te Invocan. Salmos 86: 5

Muchas veces le hablé de mi deseo de confesarme públicamente  pero no sabía cómo hacerlo ni cómo empezar ,ni ante quien hacerlo y hoy puso frente a mí de nuevo  la confesión exacta, esas palabras que leí de nuevo esta mañana , son mis palabras y me animo a hacerlo públicamente:

Amado Señor:

He Sufrido Sin Ti,

La Soledad  Se Ha Reído De Mí

Por Mucho Tiempo,

Estoy Cansada.    

He Andado Por Calles Desoladas,

Con Personas Que No Desean

Conocerte,

Estoy Cansada.

He Llegado A Los Extremos,

Buscando Quien Me Ame,

He Encontrado Errantes,

Que Vagan Vacíos,

Estoy Cansada.

He Peleado En La Oscuridad,

Intentando Por Mi Misma/o

Hallar  Claridad,

Y Todo Ha Sido Por Demás,

Estoy Cansada.

He Desecho Corazones,

He Faltado A Mis Promesas,

He Mentido Tantas Veces,

Estoy Cansada.


Perdóname Señor, todos los pecados de mi vida; bórralos con tu Sangre preciosa que derramaste en la cruz; borra todos mis pecados y absuelve todas mis culpas. Perdóname el haberme alejado de ti y llenarme de las cosas del mundo, que me acercaron al temor y la desesperación, mantenme cerca de ti, no permitas que me envuelva otra vez en ese manto de desesperación, porque  en el temor no estás tú ni están tus promesas, ahí solo hay desespero y desolación, te pido perdón de nuevo Señor , deseo con todo mi corazón, necesito tu perdón a todas mis faltas, no siento vergüenza de hacerlo públicamente porque lo que me importas eres tú y no el mundo, te pido perdón por mi rebeldía, por mi necedad, por haber puesto de lado toda tu sabiduría Señor, cada palabra de esa confesión Señor las hago mias y las pongo ante ti, para tu perdón, gracias Señor

Lev. 16:21; 26:40, "Y confesarán su iniquidad".

Núm. 5:7, "Confesará el pecado que cometió".

Job 33:27, 28, "El mira sobre los hombres  y al que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado, Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz".

Prov. 28:13, "El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia". V. 14, "Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; Mas el que endurece su corazón caerá en el mal".

Sant. 5:16, "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados" (físicamente, véase el v. 15); a veces el pecado se relaciona con la enfer­medad.

1 Juan. 1:9, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda mal­dad".