martes, 7 de junio de 2016

HAZME LA SEGUNDA¡¡¡

Etimológicamente, la palabra “Corrupción” viene del Latín Corrumpere que significa “sobornar”, “falsificar”, “dañar”, “echar a perder”. La palabra “Justicia”, en su origen, tiene que ver con “lo que se hace conforme a derecho”, sin importar quien la ejerce ni a quien se aplica, es para todos y para todos la misma, sin distinciones.

Y así es, la justicia de Dios, sin fisuras. La práctica del derecho y la verdad sin favoritismos, sin preferencias, de manera imparcial, desde la equidad, la rectitud, la igualdad, la ecuanimidad del único que es así en su carácter y en sus hechos: El Dios Creador. 

Luego de hacer esta instrucción, regresemos al título: “Hacer la segunda” en Venezuela, escribo esto a propósito de que en estos últimos días mi hija y yo nos hemos visto haciendo diligencias en diferentes entes gubernamentales, Universidades, en fin por todos lados, y siempre nos encontramos con la figura tentadora del gestor , quien amablemente ofrece por una “módica” suma de dinero, aligerarte todos los pasos legales y entregarte la “vuelta” sin que tu muevas más que la mano para meterla en tu cartera y pagarle,  ante lo dificultoso de la diligencia por la inoperancia de estos mismos entes del gobierno.

Hacer la segunda en Venezuela es utilizar a alguien para que por medios maquiavélicos te consiga lo que estas necesitando. Seguramente, todos hemos escuchado alguna vez la frase "el fin justifica los medios". Asimismo, es probable que hayamos oído el adjetivo maquiavélico para calificar y comentar algo fruto de una astucia perjudicial e inmoral. Es evidente que nuestros referentes morales e intelectuales se han ido a pique, y  en estos momentos, la idea de que el fin justifica los medios es una realidad, y lastimosamente éste es el nivel en el que nos movemos.

“La segunda”  es esa en la que no te importa como lo consiguen, sino que te cumplan lo que pediste, no te importa si el que te “hizo la segunda” tuvo que sobornar, colearse, saltar pasos legales, “mojar la mano “a algún funcionario, robar incluso,  colaborar con la corrupción y el deterioro del país. Como dice la definición de “corrupción” “sobornar”, “falsificar”, “dañar”, “echar a perder”.

Cuando pides a alguien que te haga la segunda, es porque no confías en la primera, pero y ¿Cuál es la primera? La justa, “lo que se hace conforme a derecho”, la primera es la de Dios, en la que confías esa “vuelta” a Dios,  la legal, la gratuita, la decente, La práctica del derecho y la verdad sin favoritismos, sin preferencias, de manera imparcial, desde la equidad, la rectitud, la igualdad, la de consigues lo que estas buscando por tus propios medios, sin sobornar a nadie, sin pagar “peaje”, sin utilizar la tan deteriorada  figura del gestor que “mueve cielo y estrellas” para conseguírtelo. 

“La segunda” es la mala hierba de nuestro tiempo que se nutre de apariencia y de aceptación social, se erige como la medida de la actuación honesta, y consume la moral de la sociedad. 

Y con este versículo: Isaías  33, 15
“Sólo el que procede con justicia y habla con rectitud, el que rechaza la ganancia de la extorsión  y se sacude las manos para no aceptar soborno, el que no presta oído a las conjuras de asesinato y cierra los ojos para no contemplar el mal.  Ese tal morará en las alturas; tendrá como refugio una fortaleza de rocas, se le proveerá de pan, y no le faltará el agua”