Amado Dios en el mundo

domingo, 4 de octubre de 2015

Testimonio

Cuando la desesperanza aparece en la vida hay pocas cosas que te pueden ayudar, la mayoría de las cuales no logran reanimar el espíritu. Cuando en cuestión de minutos caes en cuenta de que tu vida, tan llena de nada, cambia de manera abrupta para dejarte en un sin sentido aparente, ¿a qué puedes recurrir? Al perder el rumbo de la vida, tan perfectamente organizado y dirigido, por tus intereses personales, por la imposición de un mundo que nos somete a sus exigencias superficiales, y tener que enfrentar una realidad que nunca pensaste vivir ni en la peor de tus pesadillas.

Es la Fe, la confianza plena en Dios, lo que de verdad te llena y te hace comprender cuál es la verdadera trascendencia en tu vida y te da esa luz para comprender cuales son las metas que valen la pena, cuales son los ideales por los que debes vivir y no desviarte en el camino cómodo de una vida sin compromiso.

Con este testimonio específico me queda muy claro que la Fe y la oración son los ejes que mueven verdaderamente nuestras vidas, son éstas quienes se mantienen fielmente a tu lado y son quienes te reconfortan y te dan las fuerzas necesarias para salir adelante de la pesadilla que con ninguna otra “ayuda” podrías haber superado.

Sin embargo y para nuestra fortuna, tanto la fe y esa amistad íntima con Dios, que es la oración, no la venden en ninguna tienda, solo se consigue con la perseverancia diaria y con el convencimiento de que es Dios nuestro Señor, el verdadero camino para la felicidad plena en nuestras vidas. Es necesario dar el sí, un sí lleno de compromiso  para poder descubrir el amor incondicional que Cristo nos da a todos pero que no todos vemos o no queremos ver por distintas circunstancias. Un sí que implica constancia y aceptación de su voluntad, un entregarnos en las manos de nuestro creador y que conlleva a un “hágase en mi según tu palabra” y actuar en consecuencia, con la confianza que un hijo le tiene a su padre, sin más cuestionamientos.

Es una lección difícil de olvidar una vez que lo has vivido, y lo pudiéramos entender sin que nos suceda ningún percance, nuestras vidas y nuestro mundo serían muy distintos.   
 
Una mañana cualquiera, como tantas mañanas, mi hija llegó a mi casa, algo de su expresión no me gustó, me preocupó, temblaba, le pregunté ¿Qué te pasa? Y enseguida me dijo –mamá mira esto- levantando la blusita de mi nieta de 5 años. Cuando miré su  abdomen, buscando “eso” mi vista se tropezó con una pequeña pelotica, del tamaño de un limón que sobresalía de debajo de su costilla del lado derecho, subí la vista hacia a mi hija y le dije- esto, no es bueno, del cuerpo no debe salir nada, vamos a una emergencia-

Ella me contestó, su papá ya está llegando el nos va a llevar, y se fueron, yo quedé en shock, a veces quisiera no saber tanto de medicina, y no es que sea médico, pero fui esposa por 17 años de un médico, y a su muerte me dedique a asesorar tesis de grado, y mi público era por supuesto del área de salud, intuía que no era nada bueno, no pude articular palabra para decir “yo voy con ustedes”, me quedé sentada en la silla hasta que recibí la primera llamada de mi hija, esta vez echa un mar de lagrimas, el diagnostico tampoco era bueno, y en ese momento comenzó el viacrucis, exámenes, tomografías, consultas, el preoperatorio, la cirugía de emergencia, yo sólo observaba a mi pequeña nieta no podía pensar nada, ni bueno ni malo, estaba creo, aun en shock, de hecho escribo esto hoy a tres años, en septiembre, no soy cabalística ni nada parecido, pero en mi vida las peores noticias han ocurrido en este mes, el cáncer de mi esposo lo diagnosticaron un mes de septiembre, exactamente el día de la tragedia de las torres gemelas, recuerdo que ese día pensé que el mundo se iba a acabar. Reacción diferente con mi nieta, siempre tuve la certeza de que nada malo sucedería, o nada terminal, porque lo malo estaba sucediendo ya.

Mi nieta fue operada, para cuando le hicieron la cirugía habían transcurrido cuatro días del descubrimiento de esa pequeña masa en su riñón, que al momento de extraerla había triplicado su tamaño, monstruosamente como suele suceder. Tumor de Willms fue el diagnostico, aun me cuesta hasta escribirlo, es terrible, crece en niños totalmente sanos, a los 5 años, sin ser invitado se presenta cual intruso a hacer estragos.

Con esa primera cirugía las horas pasaban como días y el estado de su salud pendía de aparatos y Fe. Después de más de 4 días en terapia  y de vivir pegada a aparatos y atenciones intensivas día y noche, la bajaron a un cuarto de atención media, ahí comenzó entonces la otra parte, el dolor  postquirúrgico, no había sido fácil, tuvieron que extraerle un riñón, y el apéndice y por supuesto sacaron al monstruo, el invasor que pretendía crecer sin control. El médico llego a referirse a mi nieta como “la niña del milagro”, de ahí fue trasladada a otro hospital, para comenzar con la quimioterapia, para rematar la faena que ya había librado el Médico de la mano de Dios por supuesto.

Durante meses la terapia se convirtió en un calvario rutinario. Avances imperceptibles, dolores, poco ánimo, sin embargo los frutos lograron que en poco tiempo viniera de nuevo  la esperanza a su diezmada salud.

Así pasaron los meses, otro año, todo iba muy bien hasta un día, en que algo, comenzó de nuevo a sobresalir de su pequeño y maltratado cuerpecito, otra vez se repitió el mismo escenario, médicos, exámenes, tomografías y preparación para la segunda cirugía, era el monstruo de nuevo atacando, esta vez con más fuerza, de mayor dimensión y más agresivo, de nuevo el quirófano, el dolor, la angustia y el milagro, el médico logró sacar de nuevo esa enorme masa salvaguardando su frágil vida, y claro es que no dependía del médico, dependía de ese Dios de Imposibles que nunca nos abandonó.
Luego de la terapia intensiva, aparatos y tubos que cubrían su rostro, a los días de nuevo a la habitación y de regreso a las terapias, esta vez con un añadido…radioterapia, y otra vez  quimioterapia, combinadas con los efectos secundarios, le fallaba la respiración, le bajaban las defensas, en fin…

De nuevo  los meses, un año más y cuando los resultados mostraban una franca mejoría, comienza un dolor intenso que nos hace correr de nuevo a emergencias, mas exámenes, mas tomografías, mas consultas, y se llega a la conclusión de que es quirúrgico, todos pensamos de nuevo en el monstruo, pero gracias a Dios esta vez no se trataba del intruso, se trataba de bridas o adherencias,  sus intestinos se había pegado unos con otros, según el médico poco frecuente que esto suceda, pero sucedió, de nuevo a al quirófano, para su tercera cirugía, esta vez con  menos complicaciones, mas no, con menos dolor y angustia.

Comienza el ciclo de la clínica al hospital a recibir quimioterapia, con los mismos efectos secundarios, hasta que un día en la consulta, la doctora llamó a mi hija para decirle que  la quimioterapia ya no tenía ningún sentido en ella, que fuera a casa y que "solo Dios mama" palabras textuales de la doctora, recuerdo haberle dicho- hija, te dieron una referencia para que la vea otro médico “Dios” obedece y ve con él, y así hicimos mi hija pasaba los días en total ayuno y oración deseaba escuchar la voz de Dios, no quería equivocarse, y asi sucedió entre opiniones de mas de tres médicos, de los "opinologos" de oficio, la voz de Dios se impuso, mi hija decidió dejarla tranquila en sus manos y no seguir dando tumbos inciertos por médicos, consultas, hospitales, ¿Qué como supo que era Dios quien le recomendó eso? por la paz que sintió, por la paz que aun sentimos  y porque afortunadamente del intruso no se supo nada mas. Esta cada día mejor, recuperada, solo el cabello aun no crece totalmente, comenzó de nuevo el colegio que nunca abandonó porque al llegar de la quimio se iba a su colegio un par de horas y mientras iba y venía a recibir los ciclos de quimio logró culminar sus estudios, siendo promovida al segundo grado.

El desarrollo que quiero hacer de estos sucesos, van dirigidos a una sola interrogante, ¿ El porqué de un evento tan dramático?. No es lógico, ni humano, ni justo en toda la extensión de la palabra, vivir un evento tan traumatizante y no poder sacar conclusiones concretas para aplicar en tu vida y más injusto si esas conclusiones no las transmites a otros, es por eso que hoy a tres años de estos eventos decidí escribir esto, tratando de entender los mensajes que Dios quiso expresar en su singular y misteriosa pedagogía de vida.

Convencida de que una fuerza sobrenatural es el orquestador de nuestras acciones y por muy independientes, seguros y confiados que estemos en nuestras vidas, existen situaciones que por más preparados que estemos, si no reconocemos la autoridad y magnificencia de Un Todopoderoso, nos vamos a derrumbar y todas nuestras seguridades y garantías de bienestar se desmoronarán  cayendo en la vorágine de la desesperanza y frustración del vernos impotentes  e incapaces de enfrentar la prueba por nosotros mismos.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” como Pablo, ese ha sido una de las máximas que ha marcado este camino para mi y para mi hija. Si no llegamos al punto de reconocer nuestra miseria física y entendemos que por mucho que ahondemos en la ciencia y las seguridades que el Mundo nos ofrece estaremos completamente vulnerables a los reveses del destino y no seremos capaces de enfrentar los misterios que nos guarda la vida, no vamos a poder con su penosa carga. En minutos todo te puede cambiar, las ideas que pasan por tu mente pueden adoptar una nueva perspectiva repentinamente.

 ¡Qué contrastes!, Cómo cambian los horizontes de un minuto a otro. Hoy tienes todo y mañana no, y solamente con este sentido grave de temporalidad, de instrumento, de administrador de los bienes recibidos ,pero no dueño, solo así, puedes encontrar respuestas más concretas y validas en la vida.

Debo puntualizar que la relación con el Todopoderoso, no es de – me hiciste, ahora te hago -, ni tampoco de castigo o incluso como algunos lo proponen de fichas de ajedrez donde Dios se divierte con nosotros en el juego de la vida. La concepción de Dios hacia nosotros los hombres es de hijos y padres y el denominador común es el AMOR, y por descabellado que suene, lo de mi nieta fue una muestra infinita de amor, al reconocer a mi nieta y a mi hija como instrumentos suyo y utilizarlas como parte de su Plan de Salvación.

 ¡Que honrada y dichosa me siento ahora que puedo analizar el evento y decir que Dios las utilizó como a uno de sus hijos preferidos para mandar un mensaje! Y aquí vuelvo a hacer referencia a lo que alguien me dijo alguna vez – Dios no manda pruebas que tu no puedas superar – y hay mucha sabiduría en esta máxima. Dios te da todos los instrumentos para que la misión que te encomienda la puedas cumplir satisfactoriamente.

Hay que estar atentos a las gracias que tenemos. Es imprescindible que enumeremos todo lo que Él ha querido que administremos, salud, ,trabajo, amor, y una vez reconocido agradecer y trabajar en consecuencia de estos valores para que vayamos descubriendo día a día nuestra misión en la vida.
A todo esto, le debemos incluir el ingrediente de temporalidad dirigiéndonos al Cielo con un rezo similar a esto. Sí, Dios mío, tengo los bienes pero solo mientras Tú quieras que los administre, si en algún momento decides quitármelos, sabré entender y analizar que otros elementos tengo para poder cumplir mi propósito en la vida, pero siempre dame la fuerza para  cumplir la misión encomendada.

No creo que estuviera mal lo que yo  hacía con mi familia. El punto que creo había omitido, al menos yo, era el creerme garante de todo y de todos. Yo garantizo que todo estará bien, yo garantizo la comida, la ropa limpia, el cariño…y no, no era así, a pesar de mis presumidas garantías. ¡Zas¡ pasó,   ¿ En qué momento me descuide? ¿Qué hice mal?  en ningún momento, no hice nada mal, salvo el creerme la garante de todo, omnipotente. Y es que resulta que definitivamente nada depende de mí, sino del creador y su perfecta voluntad.

El practicar la humildad en la vida cotidiana entendiendo que soy afortunada en poder decidir una u otra cosa, y  entender que no dependen de mi los resultados sino mas bien saberme la administradora. 

Cada vez que me refería al milagro de las cirugías del Dr. Castellanos en mi nieta, y cómo había salvado su vida en tres oportunidades  mi hija me corregía, “Dios mamá, no el doctor” Finalmente lo resumí en el sentido de administradores, entendí la indiferencia que le da a  Dios a los protagonismos. El Doctor Castellanos fue el administrador de esa gracia de Dios, el fungió como el actor de ese milagro cuyo guión fue obviamente de Dios.


La terapia  intensa durante incontables meses, años que tuvo que soportar mi nieta y por ende mi hija, fue una escuela de enseñanza. El dolor, la incomodidad y el yugo solo lo llevaron ellas, su realidad no se compara con la de ningún otro, no se mide con la de nadie porque el dolor es como el amor, exclusivo para cada persona, el dolor está hecho a tu medida y no hay manera de acallarlo. El dolor no merma enfrentándolo, no cesa llorándole. Es un malestar gradual que pone en juego conceptos como la desesperanza, la frustración, la rebelión, el malhumor, la inquietud, la incomprensión. Este dolor no se calma. Es un proceso que está ahí, que sigue y si no se controla te orilla irremediablemente a la incomprensión de tu realidad y a acciones no siempre buenas.El dolor es una realidad tan evidente como el amor, tan plena y profunda como el querer a alguien. 

En su larga estancia en el hospital las rodeaba gente con otras cirugías, otros tumores, otras edades, lesiones similares a las ella, irremediablemente entras en el juego de la comparación. - ¿Cuánto tiempo llevas?, ¿Qué te paso?, ¿Te ha funcionado la quimio?, ¿Es bueno este doctor? -, y empiezas a echar culpas a incompetencia médica y a agentes externos que no puedes controlar.

Pero la situación común que tiene el dolor físico como el dolor racional es la desesperanza. En el caso orgánico el mismo cuerpo genera químicos que duermen la reacción al dolor al no ver como aliviar el malestar, pero en el caso racional tienes que plantearte esperanza o en su defecto aceptación de la realidad sino caes en la frustración la cual difícilmente te deja avanzar. Nada tiene comparación con el hecho de sobrellevar un dolor del alma, una angustia de no entender el futuro, una llaga supurando al no tener esperanza. El dolor físico es algo puntual, el dolor del alma es y no es al mismo tiempo. El dolor en el espíritu enajena, te deja completamente desarmado porque no sabes contra que estas luchando. El dolor de tu esencia es una derrota anticipada que comienza con el final.

Con estos agravantes que padecían mi hija y mi nieta, comenzó una experiencia rica y apasionante de nuevos conceptos, claros y lacerantes como agujas incandescentes que me enseñaron a entender la vida con otra perspectiva más sabia. Con el dolor a cuestas puedes ver  cuán débil y miserable eres, entiendes la ficción del bienestar comprendiendo el malestar, viendo que el sentirse bien es la ausencia de dolor y lo que realmente existe y evidencia tu realidad es la proporción de dolor en tu vida. Al dolor se le lleva a cuestas y lo entiendes solo cuando lo puedes elevar, ofrecer como regalo a al Todopoderoso.El dolor tiene su razón de existir solo si lo ofrecemos, si lo proyectamos al Cielo en compensación de tanta felicidad recibida. El dolor es el lenguaje de Dios.

Lejos de entender el dolor como algo que te hace menos y del cual no puedes sacar conclusiones sabias en tu vida. Lejos de hacerlo a un lado y evitarlo a como dé lugar, Mi hija me enseñó que en el dolor hay respuestas muy profundas a todos los acertijos de la vida y,compensa  la balanza tan gravemente decantada por el bienestar y el placer instantáneo.

La felicidad cuesta, está compuesta de entrega y dolor y no podemos descomponer el binomio porque el resultado no sería el mismo. Estamos nerviosos buscando la erradicación del dolor, de saltarnos ese aderezo y aun así disfrutar la ensalada.

Seguramente sonara ambiguo y hasta sin sentido muchas de las posturas aquí descritas sin embargo, ver el dolor de esta manera enriqueció  mi vida y dio un sentido a mis sufrimientos.

Recuerdo que cuando comenzó todo, muchas personas al enterarse de la condición de mi nieta y enfrentarse al panorama nada promisorio, lejos de animar a  mi hija, se ponían a llorar desconsolados y en ese momento quien fortalecía y animaba a todos era mi hija. Los invitaba a que tuvieran Fe y que el resultado pues era lo de menos, la entrega ya estaba hecha.

La lección aquí es clara, reconocer nuestra categoría de hijos de Dios y nuestra miseria como promotores de nuestro destino. Sentir tristeza o congoja es relativo, porque eso es un estado de ánimo, pero la confianza de que se ha hecho lo correcto, esa tranquilidad, solo se puede con la Fe. Recuerdo las palabras de mi hija mientras mi nieta estaba en el quirófano “Señor, tu ya proveíste el cordero” ella estaba segura que el cordero no sería su hija, yo por mi parte estaba tranquila, sabía que se haría su voluntad y ese sentimiento nunca me lleno de angustia, sino todo lo contrario de esperanza. No cabe duda que la práctica hace al maestro, y el terreno de la Fe y la renuncia es igual de basto como pudiera ser cualquier otro.

Muchas veces creemos que el protagonista es el que sufre mas, el que se lleva las lecciones de vida y absorbe unilateralmente las gracias, sin embargo, en eventos como estos hay múltiples enseñanzas , recuerdo las palabras del doctor, respondiendo a su ciencia nos regaló una detallada descripción de lo sucedido en el quirófano. Se tenía una ruta trazada para abordar el tumor y lo que se hizo fue algo completamente diferente, no por falta de profesionalismo sino más bien por algo sobrenatural. Cuenta como sentía que las manos eran dirigidas por Alguien más, que las instrucciones brotaban en el momento firme y claro, no preconcebido no obstante adecuado y exitoso. A un hombre deslumbrado por el conocimiento y entregado al oficio más reconocido de la humanidad percibió un mensaje de Fe y según nos contó luego esto, marcó su vida.

Sabemos que Dios no habla, no se sienta contigo a tomar un café y charlar de forma interactiva como lo haría cualquier amigo. Dios escogió un lenguaje infinitamente más rico y pleno, un idioma que abarca los cinco sentidos a la vez e incorpora un sexto que integra y armoniza el mensaje. El alma es el recipiente donde bebes el agua que de otra forma se te cuela por los dedos. Los mensajes de Dios son tan claros como tu propia existencia. Dios grita en susurros, constantes y repetitivos todos los instantes de la vida.

Con estas experiencias empiezas  entonces a encontrarte sorprendiéndote de lo grande que eres cuando eres generoso, cuando das lo que más cuesta, cuando vas más allá, cuando renuncias a ti mismo y te abandonas en Él. Llegas a capitalizar la importancia única e intransferible de tu misión en la vida.

Uno de los grandes pilares a los cuales tuve que aferrarme, que me llenaron de luz y esperanza para sobrellevar esta situación y que Dios puso desde siempre en mi camino, fue la cantidad de seres queridos que estuvieron a nuestro alrededor. Y ahí es donde me cuestiono ¿Quiénes son los verdaderos millonarios en este Mundo?, definitivamente aquellos que tienen familia, amigos y que cuando necesitas de ellos están prestos a demostrarlo.

Otro ejemplo claro fue la gran solidaridad que se mostró con cadenas de oración, y demás demostraciones de Fe que existió al rededor de mi nieta en todo el mundo. La solidaridad, el cariño y la abnegación de mis seres queridos, cuando los problemas nos nublaron el horizonte y mermaron la esperanza fueron un abrazo fraterno y el canal para encontrar la luz. Las acciones que no se dijeron pero algún día se descubrieron y se presentaron más nobles y frescas que en el mismo momento de realizadas, o simplemente el estar dan una fuerza impresionante que te invita día a día a salir adelante.

Estas acciones no solo sacan como fruto vencer el problema inmediato sino que generan otra reacción importantísima para poder ser consecuente con lo recibido. Esta es la responsabilidad de decirlo, el compromiso de gritar a los cuatro vientos que tú, que hoy lees esto, fuiste decisivo en  este proceso que nos tocó vivir y que estamos en deuda moral contigo. Entendí con todo este proceso el misterio del dolor  y la desesperanza como luz, para encontrar el verdadero camino. La renuncia para posteriormente encontrar algo más pleno y trascendente, ahondando en el caso especifico de Carolina mi hija. Tú entorno, la gente que te rodea como instrumento de apoyo, consuelo y compromiso. Y por ultimo que no somos garantes de nada, no somos los que garantizamos el futuro de nuestros hijos, ni los que les evitamos nada ¿O si? no, claro que no, porque no somos omnipresentes, ni omnipotentes no somos Dios.