Amado Dios en el mundo

lunes, 25 de marzo de 2013

PERDÓNANOS, SEÑOR

PERDÓNANOS, SEÑOR

Perdónanos, Señor, por nuestra pequeñez; por haber dado más importancia a nuestros gustos que a nuestra propia conciencia; por no haber sabido descubrir que eres tú quien nos guía y haber ignorado tu santa voluntad; por no haber buscado un clima de silencio en el que poder escuchar únicamente tu voz; por no difundir paz y alegría, sino intranquilidad y tristeza.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber abandonado demasiado fácilmente nuestra oración y habernos excusado cuando no era en absoluto necesario, y por no habernos esforzado por estar pacíficamente en tu presencia; por el tiempo que hemos pasado perezosamente, por nuestra indolencia.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber sido demasiado lentos para ayudar; por no haber aceptado fácilmente los contratiempos o los cambios en nuestros planes; por haber aplazado los proyectos desagradables, hasta el punto de renunciar a ellos en ocasiones; porque nuestras conversaciones son a veces demasiado frívolas; por no haber buscado realmente la profundidad en nuestras vidas.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por nuestros pensamientos denigrantes, nuestros juicios sobre los demás, nuestras críticas injustas y nuestro descontento interior, por el mal humor y el abatimiento que hemos alimentado.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por no habernos vuelto a ti en nuestros momentos de soledad.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por nuestros juicios temerarios, por la dureza de nuestras palabras, por nuestras opiniones precipitadas, por nuestras mentiras y nuestras verdades a medias.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por lo que no hemos dicho cuando la situación lo requería.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber sido sectarios; por haber sembrado divisiones en nuestra familia y entre nuestros amigos; por haber ocasionado enemistades con nuestras murmuraciones; por haber provocado la sospecha; por haber socavado la confianza entre nuestros conocidos.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber sido vanidosos; por haber tratado de parecer importantes, de dominar, de cuidar nuestra imagen; por no haber sido realmente sinceros y haber tratado de dar una apariencia que no se corresponde con la realidad; por haber intentado ser los primero y creernos superiores al resto.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber mostrado poco entusiasmo por nuestra fe; porque, con nuestra mediocridad, no hemos hecho justicia al verdadero rostro de Cristo y al auténtico significado del evangelio a los ojos del prójimo; por haber sido infieles a nuestra misión; porque, con nuestro egoísmo, hemos intentado hacer compatible con nuestra vocación cristiana lo que no lo es.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por cerrar nuestros ojos a las necesidades del mundo; por haber pretendido a toda costa enriquecernos y mejorar nuestro nivel de vida; por haber puesto nuestras necesidades y deseos por encima de los de la comunidad; por haber intrigado para dar preferencia a nuestros propios intereses; por haber tratado de dominar en vez de servir.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, Señor, por haber sido lentos y tibios y haber vivido más pendientes de la letra que del espíritu; por haber tratado de dejar las cosas tal como están y no haber tenido el valor de comenzar de nuevo.

Perdónanos, Señor.

Perdónanos, señor, nuestra omisión: la ayuda que no hemos prestado, el consuelo que no hemos sabido ofrecer, la compasión que hemos negado , la inspiración que no hemos dado , la falta de respuesta a tus ansias de amor.

Perdónanos, Señor y gracias por haber dado tu vida por mi.

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