Amado Dios en el mundo

viernes, 1 de marzo de 2013

Cuando soy débil, entonces soy fuerte


Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Corintios 12)
Dios nos ha dado el privilegio de estar involucrados en su obra sagrada, pero solamente cuando nos damos cuenta de nuestra debilidad, y dependemos de El, nuestro gozo esta completo y la gloria de Dios, su poder se pone de manifiesto. 

Algunas veces Dios convierte una fortaleza humana en debilidad para usarnos aún más, en la Biblia tenemos un ejemplo:
Jacob era un manipulador que gastó su vida intrigando para después correr por sus consecuencias. Una noche, mientras luchaba con Dios, dijo: “No voy a dejarte hasta que me bendigas”. Dios le respondió: “Está bien, pero entonces le agarró el muslo a Jacob y le dislocó la cadera”. ¿Qué significa eso? Dios tocó la fuerza de Jacob –el músculo del muslo es el más fuerte del cuerpo- y lo transformó en debilidad. Desde ese día en adelante Jacob caminó cojeando de manera que nunca más pudo huir. Eso lo forzó a apoyarse en Dios, quisiera o no. Dios bendijo a Jacob en gran manera luego de quebrantarlo.

Si quieres que Dios te bendiga y te use en gran manera, debes querer caminar cojeando el resto de tu vida. 
Así que gloríate en tus debilidades. En lugar de mostrarte autosuficiente e insuperable, obsérvate a ti mismo como un trofeo de gracia.

Si nosotros hubiésemos estado en el lugar de Dios, seguramente no hubiéramos elegido nunca a un hombre como Jacob para depositar en él una gran honra. Sin embargo, Dios no pensó así cuando escogió a Jacob.

La elección de Jacob debía dejar en claro, en primer lugar, la soberanía de Dios en la elección de los hombres.

Es que la figura y la vida de Jacob está íntimamente ligada a todos nosotros, los hijos de Dios, porque en él Dios ha querido representar, hasta en sus mínimos detalles, cuál es el trato que Dios da al hombre natural, ese “yo” que todos llevamos dentro, que suele ser muy piadoso, y que se esmera por agradar a Dios con sus propias fuerzas.

La fuerza del hombre natural ha de ser quebrantada y debilitada en toda su amplia expresión, si hemos de colaborar con Él en su propósito eterno. Siendo verdad que fuimos escogidos para colaborar con Dios en ese propósito, las herramientas con que lo haremos no han de ser los recursos naturales, ni nuestras buenas intenciones,ni nuestras propias fuerzas, sino la vida de Cristo en nosotros, forjada pacientemente por la disciplina del Espíritu Santo. Cristo ha de ser formado en nosotros (Gál. 4:19), pero esto jamás será posible sin que nuestras fuerzas sean drásticamente debilitadas.

¿Qué queda de aquel Jacob de los  tratos con Labán? ¿Qué hay de aquel que usa de todas sus astucias zalameras con Esaú? Nada queda tampoco del otrora usurpador.
La figura de Jacob brilla mucho más, en sus postrimerías. La batalla ha terminado. Jacob es ahora plenamente Israel. La obra de Dios luce maravillosa en ese hombre común. Dios puede sentirse complacido. Contra todo pronóstico humano, Dios ha completado su obra. ¡Y es perfecta!
Con ello, se ha sembrado también una esperanza cierta para aquellos que aún luchamos con Dios; para todos los que vanamente utilizamos todavía nuestra fuerza natural en el intento de asirnos de las promesas de Dios. ¡Gracias a Dios, hay oportunidad para nosotros!


Hoy escribiendo este post entendí el ¿por qué? de muchas cosas que no entendía, entendí el porqué de mi repentina enfermedad sobre mi autosuficiencia, pase de ser una mujer 4x4 como decimos aquí en Venezuela, a tener que apoyarme en todo el que pasaba por mi lado para poder levantarme de una silla y caminar, entendí el porqué de una persona que conozco que paso de ser un Ejecutivo brillante, a ser un brillante servidor de Dios, su autosuficiencia fue quebrantada, al igual que la mía y la de Jacob, Dios torció su pie y ese tiempo dependiendo de los demás y sin poder levantarse de la cama le sirvió para que Dios le bendijera aun más. Y como estos testimonios tengo muchísimos más que les ha sido quebrantada sus  propias fuerzas   y ahora poseen la fuerza de Dios.

Nada hará variar el propósito de Dios, ni nada le hará desistir de obtener de nosotros lo que se ha propuesto. ¿No es alentador? ¡Que Dios en su gracia nos conceda caer postrados sin dilación ante su mano poderosa, para que Él, cual alfarero, pueda completar pronto su preciosa obra en nosotros! ¡Para que el preciosísimo Hijo de Dios pueda ser replicado en los muchos hijos que llevará a la gloria de su Padre!

2 comentarios:

martha bernal dijo...

Nunca dejar de perseguir nuestros sueños, siempre de la mano de Dios. Preciosa entrada. Besos

Maribel MM dijo...

Gracias Martha por tu comentario Dios te bendiga