Amado Dios en el mundo

sábado, 2 de febrero de 2013

No tienes que defenderte de nada


“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” (Mateo 7).

Dios fue el primero en poner la otra mejilla, en ceder, en mostrar humildad ante su adversario, sea cual sea el golpe, o el percance o la crisis que nos toque atravesar, siempre nos deja heridos, pero esta contradicción es necesaria para que se establezca una unión perfecta entre Dios y nosotros, que al final es lo único que cuenta “EL ASUNTO ES ENTRE DIOS Y NOSOTROS”.

Por otro lado, la defensa surge del miedo, y el miedo cada vez que te defiende vas a requerir mas defensas y solo va a crecer y crecer, se va a intensificar esa necesidad de defenderte, mientras elaboras los planes para establecer lo que será tu defensa detente a pensar : ¿Qué es lo que estas defendiendo? ¿Cómo lo estas defendiendo? Y ¿Contra qué lo estas defendiendo?

¿Qué es lo que defiendes? Obviamente algo que necesita defensa, y para necesitar defensa debe ser algo muy débil y vulnerable, algo que es presa fácil, incapaz de defenderse por si solo y es por eso que necesita que tú lo defiendas.

¿Cómo lo estas defendiendo? Sencillamente no lo estás haciendo, estas complicando más aun las cosas, lo que estas haciéndole es imprimiéndole carácter de riesgo de debilidad a eso que defiendes.

¿Contra qué lo estas defendiendo? No es contra algo o alguien fuera de ti, es contra ti, contra tu mente, porque es ella quien siente la amenaza, quien te pone en situación de riesgo, hace que te percibas, débil, vulnerable, crees que debes ser defendido (a) y eso solo están en tu mente.

No permitas que ninguna defensa excepto tu presente confianza en el Señor, te dirija y esta vida se convertirá en un encuentro con la paz, el sosiego, esa serenidad, que solo tus defensas pueden esconder..

El propósito de todas tus defensas ha sido impedir que recibas todo lo que has recibido hoy, que forma parte del plan de Dios para ti. Y es por eso que lo recibes (te guste o no), el defenderte no impide que suceda, el no defenderte te da paz mientras sucede. El defenderte implica miedo, debilidad y estorba a los planes de dicha que tiene el Señor para ti, déjale a él tu defensa, el se encarga de tu reputación.

(Lc. 40) “Si alguien te demanda y te quiere quitar la túnica, déjale también la capa.”
Seguramente esto aquí va en contra de tu razonamiento humano. Pero ni tu razonamiento humano ni el mío es la palabra de Jesús.

Dirás que se requiere un poder sobrenatural y es verdad, el poder que sólo el Espíritu Santo puede dar a quien esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios.

PAZ Y BIEN ¡¡¡

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