Amado Dios en el mundo

martes, 2 de agosto de 2011

Vence las tendencias de la carne y da frutos

"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley." -Gálatas 5:22-23

"Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26:41


Obras de la carne: Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades,peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades, orgías y todos los excesos de esta naturaleza. (Gálatas 5, 19)

Cuando el Espíritu Santo da su frutos en el alma, vence las tendencias de la carne.
Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.Los frutos del Espíritu santo se dan todos juntos , no se dan uno si y otro no, si esto ocurre es que no has madurado aun, es que aun estas apegado al mundo,a la carne,... no estás siendo totalmente humilde y obediente a Dios.

Los frutos de los arboles, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor. Lo mismo nuestros actos, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Entonces estos actos de virtud inspirados por el Espíritu Santo se llaman frutos del Espíritu Santo, y ciertas virtudes los producen con tal perfección y tal suavidad que se los llama bienaventuranzas, porque hacen que Dios posea al alma plenamente.

Cuanto más se apodera Dios de un alma más la santifica; y cuanto más santa sea, más feliz es. Seremos mas felices a medida que nuestra naturaleza va siendo curada de su corrupción. Entonces se poseen las virtudes como naturalmente.

Los que buscan la perfección por el camino de prácticas y actos metódicos, sin abandonarse enteramente a la dirección del Espíritu Santo, no alcanzarán nunca esta dulzura. Por eso sienten siempre dificultades y repugnancias: combaten continuamente y a veces son vencidos y cometen faltas.

En cambio, los que, orientados por el Espíritu Santo, van por el camino del simple recogimiento, practican el bien con un fervor y una alegría digna del Espíritu Santo, y sin lucha, obtienen gloriosas victorias, o si es necesario luchar, lo hacen con gusto.


Las almas tibias tienen doble dificultad en la práctica de la virtud que las fervorosas que se entregan de buena gana y sin reserva. Porque las fervorosas tienen la alegría del Espíritu Santo que todo se lo hace fácil, y las tibias tienen pasiones que combatir y sienten las debilidades de la naturaleza de la carne que impiden las dulzuras de la virtud y hacen los actos difíciles.

La oración frecuente perfecciona las virtudes y abre el corazón para recibir los frutos del Espíritu Santo porque nuestro Señor, cuando tenemos intimidad con El, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones, según nuestra disposición y como le dejemos obrar.

Por ejemplo: encuentra en nosotros el recuerdo de un disgusto, que aunque ya pasó, ha dejado en nuestro espíritu y en nuestro corazón una impresión, que queda como simiente de pesar y cuyos efectos sentimos en muchas ocasiones. ¿Qué hace nuestro Señor? Borra el recuerdo y la imagen de ese descontento, destruye la impresión que se había grabado y ahoga completamente esta semilla de rencor.

Cuando sientas que está siendo arrebatada tu paz, que estás montando en cólera, que tienes deseos de pelear con alguien, de recordar viejas rencillas y traer de vuelta el rencor, no lo permitas, ora sin cesar y deja que Dios saque esos sentimientos de ti, deja que los cambie por los frutos de su Santo Espíritu, deja que arranque esas raíces de cólera, ira, inquietud, y coloque en su lugar los frutos de su Santo Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí.

PAZ Y BIEN ¡¡¡