domingo, 20 de marzo de 2011

El aguijón de Pablo

2 Corintios 12; 7:10 “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Pablo estaba preocupado por “El aguijón en su carne”, se refiere a una debilidad, y cuando pidió al Señor que se la quitara, tres veces, el Señor le respondió que le bastara su gracia, que él podía aguantarlo, porque su poder se perfeccionaba en la debilidad de Pablo, a lo que Pablo contesta entonces, que de buena gana se gloriara de sus debilidades para que repose en él poder de Cristo. Cuando decidimos servir a Cristo pretendemos quitar de nosotros toda debilidad y resulta que es en nuestras debilidades en donde le damos la gloria a Dios, en cambio cuando nos enaltecemos no se la damos, el Señor quiere que seamos humildes, entregados, piadosos, eso es lo que nos hará fuertes, “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”

Este aguijón tenía el propósito de mantener a Pablo en humildad. Cualquiera que haya tenido un encuentro con Jesús y le haya hablado y haya sido comisionado por Él (Hechos 9:2-8) podría, en su estado natural, volverse “engreído” por este increíble encuentro. Pablo era una persona muy autosuficiente, ni siguiera le gustaba pedir o ser mantenido (1 Tes. 2:9 y 2 Tes. 3:8); incluso, se dedicaba tenía su profesión para no tener que recibir el sustento de parte de otros (Hechos 18:3). También, su mismo carácter autosuficiente lo llevo a separarse del compañero ministerial que Dios le dio (Hechos 15:36-39). Sin duda que este aguijón lo mantuvo humillado, recordándole su necesidad de mantenerse en contacto directo con Dios y beneficiar a todos los que estuvieran a su alrededor, por medio de lo que vieran que Dios hacia en su vida.

Aunque Dios no le quito la aflicción física, le prometió demostrar su poder en él. El hecho de que el poder de Dios se muestra en gente débil debiera darnos valor. Si reconocemos nuestras limitaciones, no nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos. Al contrario, nos volveremos a Dios, buscando el camino para ser más efectivos. Nuestras debilidades no solo nos ayudan a desarrollar nuestro carácter cristiano, sino que también profundizan nuestra adoración, porque al afirmar nuestras debilidades, afirmamos la fortaleza de Dios.

Así que si tenemos un aguijón en nuestra vida y Dios no lo ha quitado, alabemos a Dios, y démosle gracias, que nos baste su gracia y que su poder se perfeccione en esa debilidad nuestra, para que more en nosotros, a él toda la gloria.
Paz y Bien¡¡¡

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