viernes, 18 de febrero de 2011

El cordel de medir

Zacarías 2: 1 Alcé después mis ojos y miré, y he aquí un varón que tenía en su mano un cordel de medir. 2 Y le dije: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir a Jerusalén, para ver cuánta es su anchura, y cuánta su longitud. 3 Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, 4 y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. 5 Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella.
El hombre con la cuerda de medir es sencillamente un símbolo muy descriptivo de la bendición limitada que el humano recibe cuando quiere hacer su voluntad, el cordel actúa como el límite como la medida que se le pone a Dios. Dios está dispuesto a derramar ilimitadas bendiciones sobre la vida de todo aquel que desee tener una relación con él y que no desee medir con su cordel limitado. “Sin muros será habitada Jerusalén “ o sea, sin límites ; Dios mandó a detener al hombre que pensaba medir con un cordel a Jerusalén, porque de haberlo hecho, Jerusalén habría quedado con las bendiciones limitadas del hombre, con los limites que indicara el cordel, mientras que Dios tenía pensado algo mejor, desbordarla con multitud de hombres y de ganados, sin límites.
Yo seré para ella muro de fuego en derredor y para gloria estaré en medio de ella. El muro (el límite) sería el propio Dios y para gloria estaría él en medio. Así debería ser en nuestras vidas, nuestra voluntad es el cordel que limita a la voluntad del padre que es superior a la nuestra, Dios quiere derramar bendiciones entre nosotros pero no lo dejamos con ese cordón con el que nos pasamos poniéndole limites, cuando hacemos nuestra voluntad estamos midiendo con el cordón, para luego poner límites, sin pensar que Dios va a ser el muro de fuego en derredor, le pedimos a Dios lo que queremos, eso que queremos tiene una medida “humana” mientras que Dios está dispuesto a bendecirnos ilimitadamente, porque si el va a ser el propio muro, no habrá limite. Corre habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén… yo seré para ella muro de fuego y para gloria estaré en medio de ella.
Escucha a ese Ángel que corre a tu encuentro a decirte que no midas mas, que no pongas mas limites, que dejes que el mismo Dios sea el “muro de fuego en derredor” deja que el desborde sus bendiciones, sin “tus muros” “tus limites” , el será el muro y estará en medio de ti. Cuando piensas en lo que deseas, estas midiendo con un cordón y poniendo un límite porque el pensamiento humano es limitado, cuando dejas que Dios actúe en tu vida a su voluntad, que él sea el muro, el limite, estas entonces dejando que te colme con ilimitadas bendiciones, porque su voluntad es infinita, perfecta, ilimitada.

PAZ Y BIEN¡¡¡

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